Si ustedes la conocen, no sigan leyendo, ya saben de su gozo, pero si no la conocen o no saben cómo tratarla, les aseguro que se pueden llevar una sorpresa.
En España tenemos 3 clases diferentes de sidra. La primera y que descarto por no entrar de momento en mis primeras preferencias es la más conocida, la gasificada. Sidra que se crea desde el zumo de manzana pero a la que se le añade artificialmente gas, para poderla exportar en un principio a las américas, cuando tantos asturianos se tuvieron que ir a trabajar a aquellas tierras y tenían morriña de sus bebida nacional. Es la que se abre la botella y se bebe sin más, como si fuera cava. La hay más dulce o más seca, y recomiendo (aunque difícil de encontrar) la brut que ofrece un bouquet muy distinto.
Las otras dos clases son la sidra sin gasificar, natural, ligeramente fermentada hasta un 5/6% de alcohol y que se vende por toda España. Se fabrica y de allí su diferencia en las dos ramas comentadas, en Asturias y en el País Vasco.
Son totalmente distintas, y les recomiendo que las prueban y aprendan a diferenciarlas. Una, la asturiana, más seca, menos dulce, con menos gas, y que inevitablemente necesita escanciarse, es decir, tirarla desde lo alto contra el borde del vaso grande y profundo para que se rompa en su caída y coja aire lo que la convierte en una bebida aireada y con oxígeno. No la intenten beber sin romper contra el vaso, porque se llevarán un recuerdo triste y apagado de una bebida excelente.
La otra, la vasca es más dulce y sabrosa, con algo más de gas y que también necesita escanciarse aunque (es pecado decirlo) menos obligatoriamente. La primera aprendan desde toda la altura que les de el brazo, mientras que la segunda con medio metro de altura puede ser suficiente.
Para facilitarles la aventura, en las tabernas de las zonas los mismos camareros te la escancian si te ven novato, y además se venden por un módico precio un tapón de plástico que sirve perfectamente para romper y no tirar fuera del vaso mucho líquido.
Acompaña de maravilla a los pescados, a los aperitivos, a una tarde de amigos, a unos embutidos de la tierra. Pero con quien marida de forma encantadora es con los quesos. Si no han probado un Cabrales huntado en pan de hogaza bebiendo sidra, se pierden un milagro. Y si el queso está algo seco, bátanlo con unas gotas de sidra y mejorará.
Y si tienen unos chorizos tiernos y quieren disfrutar de ellos de otra manera, los pongan a cocer 10 minutos en una mezcla de sidra y agua a partes iguales. Aunque lo obligado es que sea todo sidra.
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