Donald Trump quiere cambiar el mundo, todo, no solo aquellos aspectos comerciales que ahora están encima de la mesa de todo el mundo mundial. Es como el niño chulo y matón de la clase de los mayores, que quiere hacerse el dueño de todos los alumnos a base de amenazar.
Habitualmente esto termina siendo convirtiéndose en el matón de la clase pero sin casi amigos, o con el encontronazo con un tonto que hace de liebre y la da dos hostias bien dados para dejarlo en ridículo aunque él reciba media docena. El matón nunca se pega con nadie, siempre manda a los amiguetes a pegarse por él.
Los aranceles son una forma de modificar el mundo. No solo el comercial, sino sobre todo el económico en casi todos sus aspectos. Y además es una manera de lograr que los alumnos timoratos le llamen para negociar los perdones a cambio de que le hagan gratis los deberes y de lograr que le regalen la merienda de media tarde.
Normalmente los alumnos más listos y fuertes se ríen de estas tontadas, pues a quien más le afectan es a los países pobres, perdón, a los alumnos débiles.
Europa o China, incluso Japón, ya están preparando una lista de productos americanos a los que aplicarles aranceles o IVA especiales. Eso de entrada.
Se acabó la Globalización, o se frenó de buena manera, hasta que alguien vuelva a poner cordura. Es como si de repente los EEUU se quisiera volver comunista viejuno y obligara a que el proteccionismo industrial fuera el que rigiera los destinos del mundo.
Es otra manera de construir la Economía mundial, incluso puede que en general no es ni mejor ni peor. Tiene sus ventajas aunque todavía no las hayamos descubierto, o nos las callemos.
Es muy curioso que en el año 2013, hace cuatro días como quien dice, se comenzó negociando el llamado TTIP (por sus siglas en inglés, Transatlantic Trade and Investment Partnership) que era un acuerdo comercial y de inversión que se estaba negociando entre la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos (EE.UU.). El objetivo principal era crear la zona de libre comercio más grande del mundo, eliminando barreras arancelarias y no arancelarias al comercio y la inversión entre ambas partes.
Aquello era todo lo contrario de lo que ahora hace Donald Trump. Las negociaciones del TTIP se iniciaron formalmente en 2013, pero se encontraron con una creciente oposición pública y política en varios países europeos.
Tras la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos en 2017, las negociaciones se suspendieron de facto y no se han retomado desde entonces.
Yo estuve en el Parlamente Europeo de Bruselas en el año 2015 analizando lo que aquello suponía para España, y efectivamente, también era una reforma de gran calado que por motivos totalmente diferentes a los actuales, afectada negativamente a nuestro campo y ganadería.
En resumen, el TTIP fue un ambicioso intento de crear una enorme área de libre comercio entre la UE y EE.UU., con el objetivo de impulsar el crecimiento económico y la inversión, pero que se vio frustrado por importantes preocupaciones y controversias sobre sus posibles impactos en la regulación, los estándares y la soberanía.
En resumen, el TTIP fue un ambicioso intento de crear una enorme área de libre comercio entre la UE y EE.UU., con el objetivo de impulsar el crecimiento económico y la inversión, pero que se vio frustrado por importantes preocupaciones y controversias sobre sus posibles impactos en la regulación, los estándares y la soberanía.
España en su conjunto salía perdiendo, pero no por el tratado en sí, sino por la letra pequeña que indicaba quien debería juzgar los abusos de aquel TTIP.